EL METRO

« À tous les temps, à tous les peuples. »
(Inscripción en la medalla conmmemoritiva del Sistema Métrico)

"Siempre digo que si es posible medir aquello de lo que se habla y se consigue expresarlo en números, entonces puede saberse algo al res­pecto; pero cuando no puede expresarse así, el conocimiento es deficiente e insatisfactorio... "
(Lord Kelvin,1824-1907, físico inglés)

El proceso de medida de cualquier cosa nos parece sumamente fácil, incluso rutinario. No hay más que comparar con ese patrón (unidad) que utilizamos convenientemente para ello. Durante siglos, como se verá con posterioridad, esos patrones han sido diferentes no sólo en cada país, sino en cada una de sus regiones. El comercio y por tanto la economía se encontraban con un serio problema: la correspondencia entre esos variados patrones.

Así, el hecho de medir es más importante de lo que pensamos ya que tras él se busca la igualdad y la justicia para lo que es inevitable su globalización, su universalidad. Era necesario regular los sistemas de pesos y medidas, de modo que se pudieran establecer relaciones comerciales justas, y así, además, se iría adquiriendo cada vez mayor precisión. Para ello había que establecer cuáles eran los patrones de medidas que se aceptarían y que se deberían hacer universales.

En distintos periodos de la historia han existido diferentes tentativas de unificación de unidades. Así, en el 789, Carlomagno ordenó el empleo de las mismas medidas en todo el imperio; en 1558 Enrique II mandaría conservar un patrón del celemín en el ayuntamiento de París, en Rusia lo hicieron Ivan el Terrible y Pedro el Grande, y hubo intentos también, ya en el S. XVIII en Austria, Prusia y Polonia. Pero todas fracasaron por la hostilidad encarnizada de los nobles.

El desarrollo de un sistema universal de medidas, llevado a cabo en Francia, no fue exactamente el resultado de una "ocurrencia" del párroco Gabriel Mouton de Lyon cuya idea copiara Luis XVI . Se trataba de dar respuesta a una reclamación que figuraba en muchos de los Cahiers de doléances ("Cuadernos de reclamaciones") presentados por los representantes del Tercer Estado en el año 1788 cuando fueron convocados los Estados Generales por el Rey (bastante a su pesar). Hasta entonces eran los nobles de cada región los que fijaban el patrón de medida según el cual habían de pagarse después los diezmos correspondientes y la demanda de los diputados del Tercer Estado era la de que:

"Todas las medidas de los Señores se reduzcan a la medida del Rey... porque la medida de los nobles aumenta cada año".

La Asamblea Nacional, decretando la abolición de los privilegios de la nobleza, en el transcurso de la noche del 4 de agosto de 1789, hizo políticamente posible la unificación metrológica:

« Les droits d’étalonnage, et autres droits qui en tiennent lieu, et généralement tous droits, soit en nature,soit en argent, perçus sous le prétexte du poids, sont supprimés. »


Al principio únicamente se pedía una uniformización de las medidas, pero son las propuestas de los científicos, que participan en la ya autoproclamada Asamblea Nacional francesa y de la comisión de la Academia de Ciencias, los que asesoran a Charles-Maurice de Talleyrand,
antiguo obispo y mediador de la política exterior francesa, que en marzo de 1790 expuso la propuesta por la que se inclinaban todos los sabios: proponer a la Asamblea el desarrollo de un sistema enteramente nuevo de medidas.

Lo característico de este sistema es que sus unidades habrían de sacarse de la propia naturaleza, todas ellas deberían constituir un sistema interrelacionado y estar unidas unas a otras por una misma razón, que había de ser la decena, que facilitaría los cálculos, poniéndolos al alcance de todo el mundo, pasando esta idea a ser la base del Sistema Métrico Decimal.

El 8 de mayo de ese mismo año se aprobó la propuesta, y el 30 de marzo de 1791 se emitió el Decreto de la Asamblea Nacional, por el que se aprobaba la nueva unidad de medida y se tomaban las disposiciones necesarias para organizar una comisión científica que la determinase con precisión a partir de la medida de un cuarto de meridiano terrestre, firmando el rey los documentos correspondientes en el ejercicio de sus poderes, que les fueron arrebatados al ser arrestado el 21 de junio de 1791 en su intento de huída de Francia, tras haber aguantado un año su papel de marioneta una vez que se aprobó la Constitución el 14 de julio de 1790.

Si quieres conocer por qué se eligió el cuarto del meridiano como referencia para la unidad de longitud, pincha aquí.

Así pues, no olvidemos que la aventura de la expedición científica encargada de llevar a cabo la medición del arco del meridiano comienza con los permisos firmados por Luis XVI, lo que, tras producirse la Revolución, ocasionará problemas a los expedicionarios.

Era necesario elegir adecuadamente el meridiano, el único que cumplía todos los requisitos era el que iba de Dunkerque a Barcelona pasando por París. Los ingleses y americanos vieron en esta decisión una imposición de los franceses y abandonaron el proyecto.

Pero, ¿por qué la elección de ese meridiano terrestre?

Mientras, comenzaba la aventura: dos importantes astrónomos de la Academia de las Ciencias, Jean Baptiste Joseph Delambre y Pierre François André Méchain, serían los encargados de hacer la medición, basada en cálculos geodésicos.
El primero se encargaría de la parte norte del meridiano y el segundo de la sur, incluidas las tierras españolas. Ya conoceremos los avatares que sufrieron durante los años que duró su expedición, puesto que durante ellos aconteció la Revolución Francesa, con sus diferentes etapas y purgas, la guerra con España, que retuvo a Méchain en nuestro país durante años y por fin la publicación de sus cálculos, que llevaron en 1807 a la definición del metro como la "diezmillonésima parte del cuadrante del meridano terrestre", basada en los cálculos de Delambre y Méchain.

Delambre Mèchain

Estos cálculos se realizaban mediante la geodesia, que es la ciencia que mide el tamaño de la tierra y para realizar sus medidas se valían del círculo repetidor de Borda.

Pero ¿cuál es la forma de la tierra? Su superficie no es lisa ya que está salpicada de cantidad de accidentes geográficos. Un "geoide" sería la forma que poseería nuestro planeta si su superficie se hallara en todas parte al nivel del mar; pero curiosamente para medir un meridiano, línea que va de norte a sur en la superficie terrestre, los geodestas se valían de los accidentes geográficos que alteraban la superficie terrestre.

Así pues,
la determinación de la longitud de "el metro" fue un proceso científico largo. Pero aún más largo resultó la implantación como medida universalmente aceptada , y con ella la del Sistema Métrico Decimal, debido a la resistencia que tuvieron todos los países a abandonar sus sistemas de medidas.

Para conocer las resistencias a abandonar los propios sistemas de medida, pulsa aquí.

En medio de toda la convulsión política que acabó con el Antiguo Régimen, la ciencia era capaz de producir algo permanente, algo eterno, ya que el referente terrestre existiría siempre. Napoleón Bonaparte, al conocer los resultados del trabajo, exclamó:

"las conquistas van y vienen pero este logro permancerá siempre"

Sin embargo no fué así. Todavía hoy en día algunos países no usan el sistema métrico decimal.

Tras la materialización del valor calculado para el metro en una regla depositada en los archivos franceses y con el fin de corregir posibles errores en las medidas que cada vez exigían más precisión, se instauraron como patrones de referencia la famosa barra de platino iridiado, para pasar a definiciones, ya en el S. XX, basadas en los modelos atómicos y llegar finalmente a su definición a partir de la velocidad de la luz en el vacío.
En la época de la nanotecnología no podríamos basarnos en una unidad de una imprecisión muchísimo mayor que las medidas a manejar, de ahí que se haya ido redefiniendo la unidad a medida que se miden cantidades más pequeñas.



Es justo, por tanto, que dediquemos tiempo a conocer la aventura que supuso aquella medición, los personajes que intervinieron, las ideas de la época, los avances científicos, ya que -de alguna manera- cambió muchas cosas y, entre otras, hizo que gran cantidad de países utilizaran el mismo sistema, que comenzara, en cierta manera, la "primera globalización".



Bibliografía :